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Según el autor, no sólo puede considerarse la despersonalización como un síntoma sino también como un mecanismo de defensa contra la angustia. La profundidad de dicha defensa puede variar desde estados transitorios de irrealidad hasta una prolongada y casi permanente falta de sentimientos.
Señala, por otra parte, que modificó su concepción inicial de que la despersonalización se originaba por influencia de un superyo distinto de la estructura sexual del individuo; admite ahora que la erotización del pensamiento sería el primer jalón defensivo en la lucha planteada para dominar la angustia, y que ésta, a su vez, es la que determinaría la aparición del proceso despersonalizante. De acuerdo con su enfoque, la despersonalización no eliminaría la angustia sino que la enmascara y la inmoviliza. Lo equipara con aquellas intervenciones quirúrgicas que interrumpen el camino de la corteza cerebral a los centros nerviosos, como ocurre en los enfermos cancerosos que sufren la angustia de muerte inminente. El fenómeno puede presentarse en forma aguda como consecuencia de las amenazas del superyo o de las demandas instintivas al yo.
León Grineerg