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Federn define la despersonalización como una experiencia subjetiva de “la separación del yo de uno” y la relaciona con el extrañamiento, incluyendo a ambos fenómenos entre las “enfermedades del yo”. Si bien aparecen frecuentemente juntos, es posible diferenciarlos no sólo por sus síntomas, sino porque en el extrañamiento hay un retiro o pérdida de los componentes libidinosos de los límites del yo (que actúa como órgano sensorio para la apercepción de la realidad); el sujeto no reconoce ningún cambio de su yo: sólo puede decir que los objetos internos o las sensaciones internas sobrellevan una misteriosa tonalidad de cambios. En el despersonalizado, la perturbación de la catexis libidinosa ocurre en toda la estructura del yo y, por lo tanto, se altera el sentimiento de unidad respecto de la continuidad, contigüidad y causalidad de las experiencias del individuo. La mayoría de los ataques se deben a una breve retirada de la libido provocada por la ansiedad o por otras implicaciones neuróticas. Sin embargo, a veces se transforma en una retirada esquizofrénica.
Uno de los síntomas más frecuentes del proceso es el que demuestra la estructura bipartita del yo: corpóreo y mental; ambos se encuentran afectados con predominancia del primero. Si bien la despersonalización no sería en sí misma un mecanismo defensivo, en algunas ocasiones puede ser considerada como tal, pues permite al enfermo ignorar su ambivalencia y ser indiferente a los conflictos insolubles que la agravan.
León Grinberg