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En un trabajo anterior1 llegué a una serie de conclusiones con respecto a los significados y raíces inconscientes de la música y de
la actividad musical. Aquí trataré, por un lado, de confirmar y aclarar lo encontrado y, por el otro, de mostrar algunos aspectos nuevos. Aunque el tema de la música parece ser muy específico, se conecta, sin embargo con problemas generales importantes de la “psicología profunda” llevando, por lo tanto, también a algunas consideraciones de naturaleza más general.
En primer lugar, quisiera exponer algunas de las conclusiones del trabajo anterior y mostrar cómo llegué a ellas. La mayor parte del material en que me apoyé provenía de Ingrid, una joven que en el curso de su psicoanálisis se convirtió en una música entusiasta y activa. Era estudiante de medicina y acudió al análisis para iniciar su formación psicoanalítica. Era la mayor de tres hijos de padres suecos. Sus relaciones familiares se caracterizaban superficialmente por intensos conflictos con el padre, mientras que con su madre y sus dos hermanos estaba en términos predominantemente buenos. Estaba dotada de un intelecto ag