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Es un libro dedicado a Freud y tanto a la valoración de su pensamiento y obra científica independiente y solitaria, como a la aclaración de sus límites filosóficos y su ubicación en el pensamiento científico de la época en la cual surgió. El autor describe la obra de Freud como solidaria a pesar de la gran cantidad de alumnos y sucesores que tuvo, porque todo lo fundamental e importante, todo lo revolucionario fué únicamente su logro. Nos describe la actitud científica de Freud, su ideal de vida y su forma de sentir, ver y elaborar al ser humano y sus problemas.
Nos describe cómo, a pesar de que Freud no haya sido un líder ni buscaba prosélites, su obra, por su valor intrínseco, transformó y conquistó todas las ciencias antropológicas y se desparramó por el mundo. Cómo el análisis, que empezó como una técnica especializada para determinada rama de la medicina, rebasó los límites de ésta.
El autor nos habla del rechazo que encontró el análisis y que éste proviene de las resistencias inconscientes que suscita. Describe la técnica analítica en sus aspectos fundamentales, la teoría de los instintos y los dinamismos del inconsciente.
Nos muestra Zilboorg, como Freud, como hombre de su época de cambios sociales e inseguridad se vió impulsado a buscar el camino de la libertad interna. Se pregunta hasta qué punto Freud, al descubrir el papel fundamental de lo sexual en toda manifestación humana, influyó básicamente en psicología, arte y literatura de su época o hasta dónde él, simultáneamente con muchos otros redescubrió el sexo como reacción a la industrialización del siglo, a la mecanización que sufrió la sociedad y la desindividualización del individuo.
Nos explica en qué y por qué el análisis ni puede ni pretende ser filosofía o una nueva fe y cómo Freud nunca asumió el papel de un juez que determina sobre valores. Pero también que se siente siempre el optimismo y la fe personal de Freud en una evolución positiva. Después intenta delimitar los campos de la psicología profun