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El ideal del yo, en contraste con el superyo, está basado en una identificación narcisista con el padre, a quien se ve de una manera infantil, glorificada. La persistencia de ciertos ideales del yo particulares y grandiosos, se debe en parte a ciertas perturbaciones de la relación con los objetos y del desarrollo del yo.
Los caracteres sexuales no sublimados del ideal, expresados en la fantasía de convertirse en el pene paterno (o a veces materno), representan un rasgo regresivo especial.
La fijación en el nivel del gesto imitado conduce a una falta de internalización en el ideal del yo y constituye la base de las personalidades “como si”.
El impacto de haber sufrido daños narcisistas, tales como el producido en las mujeres al descubrir la diferencia entre los dos sexos, puede conducir a la restauración regresiva de ideales del yo primitivos y narcisistas.
La externalización de este ideal del yo y su fusión con un objeto amoroso, representa en las mujeres una forma de elección de objeto narcisista.
El grado patológico de la elección narcisista de objeto depende de la normalidad o patología del ideal del yo.
La necesidad de identificarse, que con frecuencia toma la forma de un fluir extático y orgástico junto con el objeto idealizado, puede constituir la base de una relación servil entre un hombre y una mujer.
El elemento maso quista de tal subordinación se encuentra basado frecuentemente en una sobrecompensación de sentimientos agresivos contra el hombre.
La idealización e identificación con el objeto idealizado puede representar la única forma posible de sustitución, ante la imposibilidad de formar relaciones de objeto.