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He tratado de explorar las implicaciones de una nueva hipótesis sobre la distinción entre lo normal y lo psicopatológico. Al hacerlo, he separado artificialmente, en dos grupos, las fuerzas que intervienen: aquellas que surgen primariamente en los estadios presimbólicos de la vida humana, a través del impacto de los más tempranos stresses emocionales, y las que surgen a causa de una desviación del proceso simbólico en sí. No he examinado el primer grupo, y sólo he señalado que caracteriza la psicopatología tanto de las formas animales subverbales como de los estadios preverbales de la vida humana; en cambio, el segundo caracteriza una psicopatología que es esencialmente humana, ya sea del niño, del adolescente o del adulto. He presentado datos a favor de la hipótesis de que toda unidad de pensamiento simbólico tiene tanto una raíz exteroceptiva como enteroceptiva. Es decir, que cada unidad tiene una unión con el mundo del “Yo” y también con el del “No - yo”, y que la distinción mayor entre las neurosis y las psicosis depende de que la desviación de la relación del símbolo con aquello que éste representa, esté primariamente en el extremo “Yo” o “No - yo” de la unión simbólica. He encontrado ciertas consecuencias en la perturbación de la función psíquica que llamamos ‘alucinación’, y he dado razones que apoyan la teoría generalmente tan menospreciada, que sostiene que en circunstancias apropiadas, ciertos tipos de procesos alucinatorios entran dentro del límite de las funciones psíquicas normales, mientras que otros implican procesos neuróticos o psicóticos. Las razones de esto están relacionadas con la tesis que sigue a continuación.
A algunos críticos les extrañará y les parecerá engañoso que haya yo dedicado tanta parte de mi trabajo al proceso de la alucinación, ya que en su forma clínica más desarrollada la alucinación constituye una de las manifestaciones relativamente poco frecuentes del proceso psíquico. He hecho esto, no porque crea que todos los psicóticos su