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En los maníaco - depresivos, los procesos regresivos no llegan a “identificaciones totales” ni terminan en ellas. Llegan en cambio a constituir una fusión entre imágenes de objetos amorosos buenos y malos, y el propio superyo imagen de sí mismo, y eventualmente conducen a un severo conflicto patológico —o a una armonía— entre el yo y el superyo. En los esquizofrénicos, los sistemas del yo, y del superyo se deterioran hasta un punto mucho más peligroso. El conflicto entre el yo y el superyo se transforma en luchas entre el yo y la magia, que amenazan a las figuras de objetos amorosos; y las identificaciones patológicas son la expresión de procesos alternativos de proyección e introyección que conducen a fusiones más o menos totales en el yo - ello que se está deteriorando entre estas imágenes del yo y de los objetos. En la medida en que se reconstituyen y se reincorporan al mundo externo las imágenes durables de los objetos, los conflictos del superyo se van transformando en conflictos homosexuales paranoides, con impulsos de matar, y miedos de ser perseguido y destruido por los representantes externos de estas figuras terroríficas.
Al principio de este resumen he declarado que el maníaco - depresivo se trata a sí mismo como si él fuera su objeto amoroso, mientras que el esquizofrénico se comporta como si él fuera o creyera ser el objeto. El sentido de esta diferencia se hace ahora más claro. Señala la tendencia del maníaco- depresivo a someterse o a reconciliarse con el objeto amado, pero de cualquier forma manteniéndolo vivo y aferrándose a él. En contradicción con esta posición,