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Treinta y cinco pacientes no seleccionados que sufrían de urticaria fueron sometidos a un estudio de la personalidad. Se sacaron las siguientes conclusiones:
Dos tercios de los pacientes estudiados admitieron espontáneamente que les había faltado el afecto de los padres en su infancia, y en especial de la madre. Su creencia de que no eran queridos se justificaba en algunos casos, pero en la mayoría de las veces esta creencia carecía de fundamento, y surgía de una necesidad excesiva de afecto; a veces esta avidez de afecto era engendrada inconscientemente por ellos mismos.
La mitad de los pacientes reaccionaban ante situaciones vividas por ellos como frustradoras, de una manera agresiva, mientras que la otra mitad aproximadamente lo hacía en forma de sumisión.
Estos dos patrones de conducta fueron mantenidos en la vida adulta; la mitad de los pacientes adoptaban ante el medio ambiente una actitud de congraciarse mediante súplicas, o bien otra de una adaptación excesiva. Se
sentían inseguros de sí mismos, muy dependientes de todo lo que fuera un elogio, con un gran temor no justificado a cualquier crítica o desaprobación, cosa que les hacía reaccionar en forma desproporcionada ante cualquier palabra o acción áspera. Igual que en su infancia, trataban de comprar afecto mediante una conducta ejemplar. El miedo a poner en peligro la buena voluntad de los otros, que tanto necesitaban, frenaba su agresividad, a pesar de que sus actitudes complacientes y suplicantes provocaban frecuentemente respuestas opuestas a las deseadas.
La necesidad de cariño no era de ninguna manera menos intensa en la otra mitad de los pacientes estudiados. Pero en vez de mendigar lo que en realidad o en sus fantasías les había sido negado, exigían lo que consideraban de su pertenencia, y se quejaban si no lo obtenían, convirtiéndose en personas duras, amargadas y ásperas, y adoptando actitudes manifiestamente vengativas. Estaban crónicamente insatisfechos, desconfiados y morosos, y, en general, se h