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El estudio psiquiátrico de 23 enfermos atacados con la enfermedad de Ménière, demuestra que los ataques paroxísticos de vértigos, y de sordera,
pueden relacionarse definitivamente con situaciones vitales de stress. Aparentemente existe una predisposición emocional fundamental, pero el primer ataque agudo de vértigo, y los otros subsiguientes, tienden a producirse tras la explosión o represión de tensión en situaciones intolerables subyacentes.
El flujo de las células rojas de la sangre que se manifiesta como la ruptura de una lámpara de alta tensión en los vasos conjuntivos de estos pacientes, antes y especialmente después del ataque, se parece al de los gatos sometidos a una inyección intravenosa de epinefrina o a un estímulo simpático cervical. Esto ha podido ser observado en la mayoría de los pacientes y ha sido producido experimentalmente en dos de ellos mediante un estímulo psíquico. Se produce un retardo de la circulación y a menudo se causan hemorragias microscópicas. Hemos llegado a la conclusión de que se hacen burbujas en la sangre, que quedan estacionadas en los vasos más pequeños del laberinto, donde producen transtornos que a su vez producen síntomas, y eventualmente, si persiste la patología vascular, el cuadro de hidropatía laberíntica característico de la enfermedad de Ménière avanzada.
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