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En los perros comunes amaestrados, se suelen producir disturbios emocionales que elevan rápidamente la tensión sanguínea, cuando intervienen factores triviales, como son la entrada de un extraño en el laboratorio, el ruido y la confusión de las guarderías, los cambios efectuados en la rutina diaria, un cambio inesperado de investigador, o la presencia de una perra en estado de estro.
El grado de la respuesta emotiva de tensión sanguínea, depende de la natural reactividad emocional del animal y del grado de adiestramiento a que haya sido sometido; cuanto mayor sea éste, mayor la respuesta emotiva.
Cuando se experimenta con perros amaestrados y se quiere evitar una tensión emocional, es necesario recordar estos factores.
Es posible que la repetición diaria de estos estados emotivos produzca, a través de los meses o años, transformaciones morfológicas de los iiñones y del sistema cardiovascular, con una elevación persistente de la tensión sanguínea.
Parece razonable observar que el alto grado de control y acondicionamiento característico de la existencia diaria del ser humano medio, le produzca, en una forma similar, un estado de irritabilidad de los centros vasomotores, de manera que los menores cambios de la rutina diaria o del medio ambiente, puedan producir una elevación de presión sanguínea excesivamente aguda y repetida, que en el término de un número de años, constituya la base de ciertos tipos de hipertensión.
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