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Se ha llevado a cabo el estudio de la conducta olfativa de 14 monos, con referencia a: 1) las preferencias espontáneas; 2) respuestas asociativas a la alimentación normal; 3) experiencias emocionalmente causantes de conflictos que producen neurosis experimentales; 4) los efectos producidos al exacerbar o aliviar los síntomas neuróticos específicos, y 5) la acción de varios desodorantes. Deducimos las siguientes conclusiones:
Los olores se hacen relativamente atractivos en los siguientes casos: a) cuando el olor se relaciona espontáneamente a alguna experiencia satisfactoria, como es la alimentación normal; b) cuando se relaciona experimentalmente con satisfacciones semejantes.
Los estímulos olfativos son mucho menos significativos como determinantes de la conducta de los monos normales, que en los experimentalmente neuróticos.
Los olores se hacen relativamente inaceptables cuando se asocian con experiencias desagradables o emocionalmente causantes de conflictos, aun en los casos en que estas últimas sólo tengan un carácter “psicológicamente” traumático y no comprendan un daño fisiológico directo.
Bajo tales circunstancias, pueden engendrarse unas fobias olfativas severas que pueden dañar seriamente a las capacidades generales de adaptación y perturbar la vuelta de los patrones normales de conducta.
Estas reacciones de aversión se generalizan en las percepciones olfativas relacionadas, y pueden hacerse más intensas y persistentes que las reacciones paralelas de otras modalidades sensoriales.
Las lesiones bilaterales del núcleo dorsomedial del tálamo de 15 gatos, les produjeron la amnesia de conductas normales y neuróticas anteriormente aprendidas, y un desarreglo mayor que en los otros animales de las respuestas olfativas. Los animales operados tendían a generalizar ciertas experiencias