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El propósito de esta comunicación es presentar un estudio psicoanalítico del mito de Dioniso y de las fiestas dionisíacas, que tanta importancia tuvieron en el movimiento religioso subterráneo de la antigua Grecia.
La figura de Dioniso se destaca, con rasgos muy peculiares, en el mundo de las divinidades helénicas. Su origen es oscuro, su mitología compleja. No es, por cierto, un dios aristocrático y celeste, como los demás dioses del Olimpo. Es más bien una divinidad ctónica, terrestre, subterránea. Su aparición en el mundo griego, en el siglo vi a. C., coincidió con la difusión de movimientos religiosos de carácter profundamente misteriológico, bastante opuestos al carácter convencional de la religión oficial y con profundo arraigo popular. El culto apolíneo recibió un grave golpe con el advenimiento del culto dionisíaco, que descendió, según parece, de las regiones nórdicas de Grecia y que se difundió, con carácter casi epidémico, en la masa del pueblo.
Los variados epítetos con que se lo designa, reflejan diferentes aspectos de su compleja personalidad: es Dioniso el “gynaikomanés”, o sea “loco por las mujeres”, el “mainómenos”, o sea el “poseído” por una manía de origen divino, y finalmente, es, por sus simbolizaciones animales más frecuentes (los totem que le dieron origen), el toro o el macho cabrío.