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Si, como desde los tiempos de Aristóteles viénese admitiendo, es la función del drama despertar la piedad y el temor, provocando así una “catarsis de las emociones”, bien podemos describir esta misma finalidad expresando que se trata de librarnos acceso a fuentes de placer y de goce yacentes en nuestra vida afectiva, tal como el chiste y lo cómico lo hacen en la esfera del intelecto, cuya acción es precisamente la que nos ha tornado inaccesibles múltiples fuentes da