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Los problemas emocionales del hombre de mediana edad suelen terminar en reacciones depresivas o de ansiedad. Sus conflictos edípicos no resueltos le hacen vulnerable en su papel de padre. El nacimiento de un hijo, y particularmente el del primero, puede reactivar estos conflictos y llevarle a una ansiedad manifiesta. Cuando el hijo llega a la adolescencia, los conflictos latentes pueden movilizar otra vez su ansiedad o producir una reacción depresiva. La rivalidad con su hijo, ya sea éste real o simbólico (un compañero de trabajo más joven, por ejemplo) tiene un significado dinámico de importancia. Ciertas actitudes culturales pueden reforzar también los conflictos existentes. Para finalizar, se toman en consideración algunos aspectos del tratamiento.
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