You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La socialización del individuo es llevada a cabo mediante la represión de los símbolos autísticos y la adopción de los símbolos del adulto. Una fuerte tendencia autista indica que existe cierto desorden y rechazo, que no hay en las relaciones normales entre padres e hijos. Ejemplos de esto los encontramos en la atribución de una cualidad común a varias personas, y en el uso del pronombre “tú” en vez de “yo”, que pone de manifiesto el esfuerzo por eludir el proceso de la socialización.
En general, el esquizofrénico logra superar el autismo infantil, pero en los estados de tensión, y movido por su incapacidad para cambiar la realidad, se refugia en procesos autísticos latentes, en el rechazo de las cosas y en la proyección de la socialización. En el transcurso del tiempo, el esquizofrénico reproduce las actitudes y tendencias que formaron parte de sí mismo, pero no las proyecta sobre agentes originarios sino sobre símbolos de éstos.
Existen tres fases en este síndrome ilusorio: la introyección, en la que la actitud del agente se mantiene externa; la asimilación, en que esta actitud es aceptada; y la proyección, que es la fase psicótica. En algunos casos la proyección puede ser incompleta.
Para ayudar al paciente, se le debe cambiar la idea que tiene de sí mismo. No basta con que comprenda la segunda fase, sino que debe también comprender la introyección. En el paranoide o en el hebefrénico, la incorporación al yo de las actitudes ocurre solamente tras haber sido éstas sometidas al rechazo y a la proyección. A su vez, el catatónico ha perdido su voluntad de selección y su decisión; las dos cosas se le aparecen como un riesgo, y de esta