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Se revisan los casos de cuarenta pacientes psiquiátricos, todos ellos hijos únicos. Entre ellos, algunos estaban hospitalizados y otros no, incluyendo sus problemas todo tipo de enfermedad encontrada en cualquier conjunto de pacientes psiquiátricos. Se pudo ver que un rasgo general lo constituía, probablemente debido a su condición de ser hijos únicos, el haber estado aislados, hasta diversos grados, de los otros niños de la misma edad. Algunos de los factores que acentuaron este aislamiento eran una protección excesiva, enfermedades frecuentes y prolongadas y cambios de escuela y de vecindad. El formar parte de un grupo familiar pequeño y solidario, parecía haber intensificado la dependencia y, además, los resentimientos. Las dificultades para identificarse con un grupo, o para hacerse aceptar por él, también se presentaban a menudo, y tuvieron un papel significativo en el desarrollo de neurosis, psicosis, desviaciones sexuales y malas adaptaciones en el colegio, la carrera y el matrimonio, durante los últimos años de la adolescencia o los primeros de la vida de adulto.
De adulto, el hijo único que padece de una afección psiquiátrica es frecuentemente una “persona periférica”, con grandes dificultades para sentirse aceptada por cualquier grupo. En las demás personas aisladas se encuentran problemas similares. Estamos de acuerdo con la idea de Brill, Blonsky, Christoffel y De Campos de que se debe alentar a los niños para que establezcan relaciones saludables, desde los primeros años de vida. La psicoterapia ayuda mucho a los pacientes a mejorar sus relaciones con sus familias inmediatas y con sus compañeros de la escuela y de la carrera. Se presentan frecuentemente las oportunidades de participar de un grupo. Los individuos de inteligencia y talento superiores pueden conseguir un mayor respeto de sí mismos y la aceptación dentro del grupo.
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