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En niños y adultos el análisis del significado del hablar actualiza vivencias —en algunos casos muy primitivas— experimentadas en relación con la percepción y emisión de sonidos.
Surge entonces en ellos la necesidad de crear música —abarcando en el crear tanto la creación musical propiamente dicha como lo que está implícito en el interpretar y escuchar. Esto nos permitió establecer múltiples relaciones entre el mecanismo y el momento de emisión de las palabras y la creación musical.
El lenguaje, que comienza con la imitación de sonidos, es una de las formas de acercarse a los que se ama. En el niño esos sonidos, el llanto, el grito, tienen el significado de llamadas, expresan el ansia por un objeto. Cuando el niño experimenta hambre, frío, necesidad de contacto, molestias corporales, ansiedad, siente la satisfacción que se le niega como una ataque y como una ausencia definitiva del objeto.
Cuando en el segundo tercio del primer año integra la figura de su madre como una totalidad y un mismo objeto es amado y odiado, esto le trae nuevos conflictos: el temor a perder lo que ama, la culpa por sentirse responsable de esa pérdida, y la dificultad de restaurar el objeto por el continuo resurgimiento de agresión frente a cada nueva frustración.
El laleo, que se presenta en este período de la vida del niño, puede interpretarse como un intento de superar la situación depresiva creando sonidos que simbolizan algo que sale de su cuerpo y tras de lo cual se ocultan fantasías y recuerdos. El pronunciar la primera palabra significa para él la reparación mágica del objeto amado, que