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A través de los trabajos fundamentales de Á. Garma sobre este tema, son conocidas en nuestro medio las teorías psicoanalíticas que tratan de explicar la génesis de la úlcera. Enumeradas cronológicamente, éstas son: la de la femineidad latente del ulceroso descrita por G. Draper en 1927. La de F. Alexander (1934), a la que Garma define como el “anhelo alimenticio hacia la madre”. T. E. Szasz en 1947 agregó a la teoría de Alexander la idea de la participación de la rabia infantil, como resultado de una regresión a la etapa oral. En 1948 y 1952, R. Pickford señaló la participación de tendencias regresivas orales y anales. En 1951, S. Margolin demostró la importancia de los factores emocionales. A partir de 1944, y completada en posteriores publicaciones, Á. Garma nos ha hecho conocer su teoría, que enuncia como la de “la madre internalizada mala, agresiva digestivamente, actuando en un individuo en regresión instintiva oral-digestiva”.
El caso que presentamos queda explicado por la teoría de Garma, mientras que las otras teorías nos permiten comprender aspectos parciales. En el ulceroso que estudiamos, tal como otros autores lo describen, encontramos tendencias femeninas latentes, una pasividad detrás de la actividad manifiesta, una participación de instintos orales y anales, etc.; pero como un símbolo fundamental, que integra a los anteriores a la vez que agrega los suyos, encontramos a la imago de la madre mala, internalizada en el superyo.
Se trata de un hombre de buena presencia, culto, de 50 años, nacido en Europa central, que acudió al tratamiento por sus dificultades afectivas y sexuales. Estas últimas consistían en frecuentes episodios