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Una paciente cuenta un sueño: “Es sobre el desastre de aviación. Alguien, una persona, me decía que el desastre no ocurrió por haber chocado el aparato contra el cerro, sino como consecuencia de algo que ocurrió antes del choque, algo que llenó de pánico a todos los que viajaban. El piloto perdió también la noción de lo que hacía y el avión fué a estrellarse contra el cerro”.
El sueño se refería a un accidente en el cual un gran avión se había destrozado e incendiado al estrellarse contra una elevación de terreno, por cierto ya poco visible a la hora crepuscular en que se dió el hecho. Asociando con lo que relataba, dijo la paciente que el sueño presentaba una “idea nueva”, una “revelación” sobre el suceso: la situación causante del desastre, y lo más trágico, no fué el choque en sí, como todos pensaban, pues en ese momento, los numerosos ocupantes del avión habrían tenido una muerte instantánea, como lo indicaban las condiciones en que fueron encontrados los cadáveres, despedazados y carbonizados entre los destrozos del aparato. De acuerdo, pues, con su idea, el desastre —para los que viajaban— sucedió en verdad antes del choque y si “aquello” no hubiese acontecido, el avión no se habría precipitado hacia el cerro.
En las asociaciones siguientes su interés se volcó hacia la persona que le contaba las escenas de que se componía el sueño, y concluyó que un tal conocimiento de las mismas solamente las podía tener quien las hubiese presenciado. Inmediatamente la reconoció: era una de las víctimas del accidente, mujer soltera y joven, como la paciente, y cuya