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El autor, psicoanalista vienés residente en Sao Paulo, reúne en este libro seis colecciones sobre la psicología inconsciente de los criminales, estudiando profundamente todos los determinantes del delito según los conocimientos psicoanalíticos. Partiendo de los trabajos de Aichhorn, describe la psicología de los criminales, con sus oscilaciones entre situaciones megalomaníacas y otras de sentimientos de castración y de destrucción inconscientes, lo que les impide su ajustamiento social. Precisa las relaciones entre el acto manifiesto del delito y la neurosis de los criminales, hasta conformar regresiones de tipo psicótico, insistiendo repetidas veces en la distinción genética entre la delincuencia potencial y la neurosis secundaria.
En relación con el tratamiento, el acto manifiesto criminal no puede ser sometido fácilmente a la terapéutica psicoanalítica, sin haber transformado primeramente al criminal en un neurótico secundario, como señalaron Aichhorn y Eisler. Aichhorn provocaba un intenso choque emocional en el delincuente agresivo, cuando éste tenía la certeza de recibir castigos graves por su conducta, a lo que Aichhorn se oponía, tomando más bien su defensa. Muchas veces el delincuente reaccionaba con llanto convulsivo de larga duración, después del cual se sentía entregado afectivamente a su educador. Para esta conducta positiva es necesario que el analista tenga un superyo nada moralista. Solamente de este modo puede fascinar al delincuente y ser para él un objeto poderoso que no le impone sometimientos morales, ni sociales.
La transformación del delincuente en un neurótico secundario es especificada en dos casos que refiere Eisler. Para ello, como señala también Melita Schmidelberg, son necesarias algunas modificaciones a la técnica psicoanalítica clásica, como el no exigir al delincuente que se eche en el diván, ni tampoco la sinceridad absoluta de sus asociaciones libres, y que el psicoanalista cambie su actitud de reserva por una de interés personal, en