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La esencia de mi tesis es que el principio de la homeostasis o estado constante de protección puede aplicarse a los fenómenos psicológicos y la teoría del psicoanálisis. Las funciones del yo al recibir los estímulos externos e internos o al tratar con ellos según los intereses del organismo pueden mirarse como las de un efector homeostático. Los impulsos constructivos y destructivos del organismo deben estar dirigidos y modificados de tal manera que permitan el mantenimiento de un nivel de tensión tanto tolerable como conducente a una vida segura, productiva y satisfactoria y un continuo crecimiento.
Constantemente ocurren hechos que tienden a perturbar las adaptaciones y reconciliaciones logradas, y estas tensiones requieren que el yo improvise medios de adaptación para mantener la integridad del organismo. Los recursos relativamente menores, “normales”, “saludables”, habitualmente hacen frente a las tensiones menores. Las tensiones mayores, o la tensión prolongada incitan al yo a una creciente actividad energética y dispendiosa para favorecer el mantenimiento homeostático.
En su esfuerzo para controlar los impulsos peligrosos bajo tales circunstancias e impedir o retardar así la amenaza de un proceso de desintegración, el yo despliega recursos reguladores de emergencia que caben en cinco grupos jerárquicamente ordenados y específicamente caracterizados, los cuales representan grados crecientes de fracaso en la integración.
Creo que esta conceptualización de las funciones reguladoras del yo nos proporciona un cuadro de referencia más amplio para comprender la enfermedad mental y nos permitirá descartar algunos de nuestros términos vagos, polifacéticos y tradicionales por designaciones más definidas y precisas del proceso y el período. También nos ayuda a alinear nuestros conceptos psicoanalíticos con la teoría general organísmica-biológica.
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