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La “kenosis”, la “teofanía”, la satori, la samadni, ciertos tipos de psicosis ilusorias, la transferencia positiva y categórica del psicoanálisis, la “confesión” ante la interrogación comunista…, todas estas experiencias o estados mentales, y muy posiblemente toda experiencia religiosa, representan una entrega de sí a un poder “superior” frente a circunstancias aparentes o realmente hostiles.
Antes de experiencias como éstas, debe haberse desarrollado una predisposición psicológica a consecuencia de una relación originariamente desfavorable con un padre (en general, la madre), reforzada a través de los años por experiencias comparables con otras fuerzas autoritarias. El individuo, luchando para establecer su propia identidad independiente, luchando psicológicamente para devorar los pechos de su pérfida madre, llega por fin a un punto de agotamiento emocional. Luego, “como quien se envuelve en las ropas de su cama y se acuesta a soñar sueños placenteros”, cesa su resistencia y cae en un desvanecimiento. Con su derrota final, se entrega, entre luces centelleantes y ruido atronador, a los pechos devoradores de su madre paranoica (la Madre Cósmica).
Sobre este aspecto, el de la entrega a un poder interno parásito, Otto Sperling reunió gran cantidad de pruebas para “La interpretación del trauma como una orden”. Señaló que “A menudo se consideraba, y con razón, que la aparición de psiconeurosis en los soldados durante las maniobras era la medida de su predisposición a la psiconeurosis…” Lo mismo que la respuesta de la “confesión” a la táctica comunista es la medida de la predisposición a aceptar un superyo espurio.
Sperling informaba que “al psicoanalizar a los soldados, a veces… se hallaba que los traumas de guerra eran inconscientemente sentidos como órdenes del enemigo a las cuales algo dentro de ellos estaba dispuesto a obedecer… El psicoanálisis mostró que la propaganda enemiga había influido