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En 1919 escribía Freud: “En nuestra opinión, el complejo de Edipo es el verdadero núcleo de las neurosis, y la sexualidad infantil que culmina en este complejo es lo que verdaderamente determina las neurosis.” Yo opino que la unión simbiótica de la madre y el niño es el núcleo análogo de las psicosis, y que el desenvolvimiento desordenado del yo, de la relación objetiva y del desarrollo objetivo que culmina en esta unión es la que determina las psicosis. Las vicisitudes del desarrollo, la consolidación y la resolución de la simbiosis determinan el patrón de las perturbaciones psiquiátricas más serias, incluso las psicosis, las perturbaciones fronterizas, los desórdenes de carácter y las neurosis graves.
El estudio psicoembriológico de este acontecimiento central en la vida psíquica del niño probablemente arroje una luz sobre las perturbaciones psicóticas de la infancia y la niñez. El problema concierne a las perturbaciones de los procesos mutuamente reguladores entre la madre y el niño. Los niños tienen un tipo de actividad congénita variable, en la medida en que buscan objetos y autonomía física y fisiológica. Las madres varían en forma complementaria en su disponibilidad afectiva y sus actitudes frente al desarrollo autónomo del niño. Estas variaciones de la madre y el niño son las que determinan la existencia y la naturaleza de las psicosis infantiles.
Dentro de la clasificación de Spitz de las enfermedades psicogénicas de la infancia, puede decirse que el autismo es una enfermedad de deficiencia y el parasitismo una enfermedad psicotóxica.
Estas consideraciones genéticas, estructurales y dinámicas hacen posible se planee una terapia y se valúe la prognosis de las psicosis de la niñez.
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