You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El 28 de julio de 1954 murió en Lausanne, a la edad de 68 años, Charles Odier, uno de los psicoanalistas más destacados de Suiza y una de las primeras figuras del movimiento psicoanalítico internacional.
Odier no llegó al psicoanálisis sino después de muchos años de práctica neuropsiquiátrica general, tanto en Ginebra como más tarde en Viena y París. Se interesó, sin embargo, desde un principio en la patología y terapia de las neurosis; y este interés lo llevó finalmente, después de la primera guerra mundial, a dedicarse de lleno al psicoanálisis, formándose primero al lado de van Ophuijsen y Alexander, y estableciéndose luego, desde 1929, en París. Durante diez años fué una de las columnas principales de la Sociedad Francesa. Luego volvió definitivamente a su patria, donde ejerció, hasta su muerte, una fecunda labor terapéutica, didáctica y literaria.
Entre sus trabajos se destaca sobre todo su famosa monografía sobre “Las dos fuentes conciente e inconciente de la vida moral” en la cual trata de penetrar más profundamente en la problemática del superyo, relacionando a este respecto los idearios de Freud y de Bergson. En los últimos años dedicó sus energías a la redacción de una obra monumental que iba a ser su testamento científico, pero que infortunadamente debió dejar inconclusa. Sólo aparecieron los dos primeros tomos: “La angustia y el pensamiento mágico” y “El hombre esclavo de su inferioridad. Ensayo sobre la génesis del yo” . También en estos volúmenes se ocupa de la integración de la obra freudiana en el conjunto de nuestro saber psicológico, comparándolo en el primero, sobre todo, con los resultados de Piaget, y en el segundo con los de Pavlov y Jung. Agrega, sin embargo, en todo momento, el fruto de su propio pensamiento. Cabe mencionar, a este respecto, lo que dice sobre el estado de inseguridad y sobre todo su magistral descripción de la “neurosis del abandono”.
Para los que hemos tenido el honor de conocer y tratarlo personalmente, quedar