You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El análisis de pacientes esquizofrénicos con síntomas de estupor y perplejidad, me ha demostrado que existe un vínculo entre ese momento de la enfermedad y un período muy arcaico evolutivo, en que se va configurando la percepción del tiempo.
Deseo demostrar, basándome en material clínico, que el tiempo es una relación de objeto, que se configura como experiencia interna en el yo durante el tránsito por el canal de parto en los momentos que median entre la ruptura de la relación intrauterina y la primera inspiración.
En las manifestaciones transferenciales de pacientes esquizofrénicos agudos, Rosenfeld1 sostiene que se manifiesta el deseo de entrar en un objeto y que esto no sólo está determinado por el deseo omnipotente de eliminar la distancia entre el sujeto y el objeto, sino también por el de librarse del “tiempo”. La distancia del objeto o separación con el mismo, dice Rosenfeld, está ligada íntimamente con el conocimiento del paso del tiempo; tan pronto como un objeto es deseado, se pide la gratificación inmediata de este deseo. Considera además que este tipo de relación objetal, denominado “identificación proyectiva” por Melanie Klein2, comienza con el nacimiento, y parece que el esquizofrénico nunca lo ha superado. Paula Heimann3, describe este mismo proceso en el interior del yo, sugiriendo que ocurre una proyección intrapsíquica del yo en el interior de un objeto internalizado.
El tiempo está fuera y dentro de nosotros, dice Schilder 4, es una percepción, una parte inherente del mundo de la percepción fuera y dentro de nuestro cuerpo.
Los fenómenos de “déjà vu” que Schilder5 describió tal como se presentan en ciertos estados confusionales epilépticos, los consideró como correspondientes a fantasías de retorno al claustro materno, donde se vive