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En este trabajo, presentaré las alternativas del síntoma de un paciente consistente en la compulsión a practicar ajedrez toda vez que se incrementaban sus ansiedades paranoicas: en ocasiones, cobraba una intensidad de tal magnitud que lo mantenía totalmente alejado del resto de sus actividades, y con un olvido casi completo de las circunstancias que lo rodeaban, algunas de las cuales le habían llevado precisamente a dicha situación de compulsión.
Se trata del paciente de 24 años de edad, a quien ya presenté en ocasión del Symposium sobre Cefaleas 1 a causa de sus padecimientos jaquecosos. Sufría, además, frecuentes estados depresivos que alternaban con angustias de persecución.
Su constelación familiar estaba caracterizada por una madre dominante que dirigía el hogar y se encargaba prácticamente de su sostén económico, muy apegada a sus hijos, a quienes exigía continuamente que estudiaran y fueran buenos. El padre era una figura débil y secundaria que casi no intervenía en la vida de sus hijos. El paciente es el mayor de cuatro hermanos, habiéndole precedido un varón que murió al nacer. Había tenido sus mayores dificultades frente al hermano que le sigue en edad —tres años menor— y ante el cual reaccionaba con una actitud muy ambivalente. Por una parte, lo había considerado el rival odiado que lo había desplazado en el cariño de la madre, transformándose así en un perseguidor que con su nacimiento había sellado su destino condenándolo a una vida de fracasos. Por otra lado, pudo apreciarse —a través del contenido de sus fantasías homosexuales— que reproducía con él la relación madre-hijo. En el primer aspecto, lo asociaba con la figura de un compañero que, en su infancia, había intentado poseerlo repetidas veces, haciéndole objeto de humillantes burlas. Había vivido martirizado frente a esos recuerdos, planeando fantasías de represalia que nunca se habían cumplido. El análisis de dicho material demostró que se trataba de recuerdos encubridores de conflictos más profund