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En una comunicación anterior, para el symposium de esquizofrenias, presenté el caso de una joven señora que inició su tratamiento con el diagnóstico de histeria.
Mi primer relato tuvo por objeto demostrar que como fondo más importante de su padecimiento, existía un núcleo esquizofrénico paranoide, y me interesaba describir los mecanismos por los que se llegó a su completo esclarecimiento en relación directa con la transferencia.
Durante el brote psicótico, la paciente sufría frecuentes despersonalizaciones y crisis de angustia (imaginaba la destrucción del mundo y el desmoronamiento de los edificios a su paso); diversos tipos de alucinaciones: la voz de la madre acusándola y recordándole sus pecados, la visión de animales que invadían su cuarto y escenas terroríficas de hombres y mujeres que se apuñalaban hasta morir, etc. También señalaba alucinaciones autoscópicas como figuras que, girando alrededor de su corazón, la acusaban señalándola o se apiadaban de ella.
El análisis de este período demostró la vivencia de una imago mala y frustradora materna que luchaba prohibiéndole sus satisfacciones instintivas.
En esta comunicación quiero referirme al valor de las fantasías de retorno al seno materno que aparecieron repetidamente después del brote psicótico y durante una fase de profunda depresión.
Las fantasías se expresaban directamente como deseo de estar aun dentro de la madre, en sueños o encubiertas por diversas expresiones simbólicas. Por ejemplo, al presentarse a su sesión matinal la notaba agresiva y caprichosa, particularmente descuidada en su arreglo personal, se desplomaba en el diván y permanecía en un silencio obstinado durante varios minutos. Vencidas sus resistencias, iniciaba unos duros reproches por no acceder a cambiarle esa hora de análisis, culpándome de crueldad por sacarla de la cama interrumpiendo así el único placer que podía vivir entonces. A continuación se acurrucaba en decúbito lateral, tapando con sus brazos los ojos para no ser molestada por la