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El tratamiento analítico de grupos constituye un instrumento útil y objetivo para la exploración de las fuerzas o tensiones que gobiernan las relaciones interpersonales, y para el conocimiento de su idioma o forma específica de expresión. De esto último en particular me ocuparé en este momento.
Expondré seguidamente, algunas experiencias realizadas con un grupo de seis pacientes psicóticos con procesos de larga evolución, que tuvieron lugar en la sala Pinel del Hospital Nacional de Neuropsiquitría 1.
A través del desarrollo de una sesión, estudiaremos las distintas modalidades del lenguaje en un grupo, lo que nos permitirá valorar la importancia de su conocimiento para integrar la interpretación.
Iniciada la sesión algo más tarde que de costumbre, un paciente nos saluda con un intencionado “buenas tardes” en lugar del consabido buenos días. Casi al mismo tiempo, otro me acerca con insistencia unas breves líneas que ya traía escritas, para que las conozca e interprete. Un tercero, a quien llamaremos B, musita casi ininteligiblemente y con la boca contraída, una serie de palabras entre las que se entienden: “hermano… abandono… querido…”. Al mismo tiempo que habla extiende sus manos hacia adelante en actitud implorativa, mostrando así —como le interpreta otro paciente— que está solo y con las manos vacías.
La conducta, desde un comienzo hiperactiva o nodal, como la denomina Slavson2, habla de la impaciencia del grupo y de la rivalidad de sus miembros entre sí, frente a las demandas que individualmente elevan.
Esta tensión común la interpreto expresando que el grupo se queja de nuestra tardanza… que está impaciente, y que cada uno exige, a su manera, atención. Uno a través de la palabra y el gesto, otro mediante un escrito, y los demás con una ostensible actitud de espera.
Otro paciente del grupo remarca el hecho de que B., quien al hablar se expresa confusa y apagadamente, al cantar, en cambio, lo hace de tal manera que se le entiende lo que dice. Eso se debería, continúa és