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Susana Langer, en su libro Philosophy in a New Key [19], compendia del siguiente modo el descubrimiento freudiano:
“La gran contribución de Freud a la filosofía de la mente consistió en mostrar que la conducta humana no es una simple lucha por la existencia, sino que también es un lenguaje. Todo movimiento es, simultáneamente, un ademán” (p. 51).
Freud descubrió que la conducta humana es expresiva. Su técnica facilitó las herramientas y el contexto para interpretar el significado del lenguaje implícito del inconsciente. Al revelar esta semántica emocional, Freud abrió el camino para la formulación de que la actividad mental del hombre es básicamente simbólica. Su trabajo mostró que lo irracional no era un fútil balbuceo. Los sueños revelaron su trama dejando de ser “… meros espasmos del aparato mental carentes de finalidad y sentido” [13] (p. 212).
Jones [16] comienza su clásico trabajo sobre The Theory of Symbolism con un comentario que complementa las palabras recién acotadas de S. Langer. Sugiere que:
“… Si se toma a la palabra ‘simbolismo’ en su más amplio sentido, éste incluiría a la casi totalidad del desarrollo de la civilización. ¿Pues qué es ésta sino una serie sin fin de substituciones evolutivas? ¿No es acaso el incesante reemplazo de ideas, intereses, capacidades o tendencias por otras?” (p. 129).
En otras palabras, evolucionamos mediante la ininterrumpida transformación simbólica de nuestras experiencias. El secreto de nuestro mentar no reside tanto en nuestra capacidad de almacenar informaciones (para lo que somos más bien mediocres) como en organizar los datos de nuestro sensorio en expectativas, creencias y concepciones; fenómenos éstos que son renovados ante nuevas adquisiciones.
El pensamiento simbólico y el problema de la significación de los símbolos constituye uno de los temas centrales en la actualidad, tanto en las