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En el desarrollo libidinoso del niñro, la angustia de castración desempeñra un papel solamente secundario en importancia al complejo de Edipo, si bien en gran parte aun obscuro y vago. Casi todo nuestro conocimiento del complejo de castración masculino está contenido en las obras de Freud, para quien esta angustia, resulta de la fusión de las dos circunstancias siguientes, que contribuyen a su génesis. 1ọ): La amenaza de castración como un castigo por la masturbación y la enuresis, y 2ọ): el descubrimiento del genital femenino que confiere cierto viso de realidad a esta amenaza.
Sin embargo, señrala el autor que los puntos de vista de Freud sobre este problema no son del todo congruentes, porque por una parte, describe cómo el niñro se niega a aceptar la falta de un pene en la mujer, y muestra cómo solamente más tarde la amenaza de castración ulterior hace surgir el miedo a la real pérdida del pene y así se establece la angustia de castración. Mientras que en otra parte de su obra, Freud hace otro planteo casi opuesto al primero y dice que la amenaza de castración es negada o sea que solamente las ulteriores observaciones que hace el niñro de la falta de un pene en la mujer representan la confirmación de la posible castración. De ahí el efecto traumático del espectáculo del genital femenino y así se establecería la angustia de castración. Freud mismo no deja de ver lo incierto de esta exposición. Él descubrió, por ejemplo, que el complejo de castración se desarrolla también en los casos en los cuales no ha habido tal amenaza de castración y esto lo lleva por lo tanto a tener en cuenta otros eventuales factores que engendran esa angustia, entre otros, la herencia arcaica.
Ya ha sido señralado, en la literatura psicoanalítica, que los precursores del complejo de castración pueden ser vistos en la separación del niñro del pecho de la madre, en la etapa del destete, y más tarde, cuando se enfrenta con la separación de sus propias heces en el curso del aprendizaje del cont