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El autor toma como punto de partida para su investigación sobre el masoquismo el elemento placer, renunciando al elemento dolor, ya que lo que caracteriza al masoquista es la inhibición total frente a cualquier clase de placer. Señrala que el masoquista busca el placer como todos, pero que en el momento de obtenerlo retrocede a causa de la angustia que aparece invariablemente frente al objeto, a través del cual puede obtener placer. Rechazando al objeto, desaparece la angustia. La angustia es al temor a la castración.
Señrala el autor que los pacientes masoquistas hacen una verdadera ostentación de su complejo de castración; mientras esto ocurre, no existe la menor huella de angustia. Todo el complejo funciona como una defensa, momentáneamente útil, contra la angustia, y considera que lo específico del masoquismo es “la utilización de una conducta, auténtica en ella misma, como temor a la castración, para fines defensivos y de un modo ficticio y ostentoso”.
Está en desacuerdo con los autores que invocan los conflictos orales como elementos básicos en el masoquista, considerando, en cambio, de suma importancia el factor agresividad. La agresividad está dirigida contra el padre, y su fin es castrarlo de una manera sádico-anal, sirviendo su conducta para negar este deseo: “No soy yo quien ha castrado a mi padre, sino mi madre, quien a su