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En esta comunicación voy a referirme a un problema técnico que se le plantea al analista cuando tiene que enfrentarse con pacientes neuróticos, cuyos conflictos se centralizan en perturbaciones en la convivencia con otras personas. Estos pacientes suelen presentar trastornos del carácter de las más variables formas, ocupan regularmente mucho tiempo de sus horas de análisis en relatar los conflictos que tienen a diario con la persona que constituye el centro de atracción de sus impulsos de amor y odio y con quien mantienen una fuerte relación de dependencia infantil. Si bien esto ocurre con regularidad en todos los casos, existe un tipo de paciente que presenta este problema como motivo principal del tratamiento. Me refiero a los casos que se presentan al análisis exclusivamente para solucionar sus conflictos matrimoniales.
Todo lo que refiero en este trabajo puede aplicarse a cualquier caso que en la sesión se aleje de lo que llamamos “asociaciones libres” y que plantee al analista conflictos de convivencia, sea con un compañero de trabajo, con quien comparte muchas horas del día, con un superior jerárquico, con los propios padres, etc.
Si he basado mis observaciones en pacientes con agudos conflictos matrimoniales, ha sido porque considero que en el matrimonio es donde más se pone a prueba la capacidad de adaptación lograda en el curso de la evolución y, por lo tanto, donde estos problemas se plantean con más frecuencia.