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Dice el autor que la mayor preocupación actual por un más profundo conocimiento del análisis de los trastornos del carácter y los modernos conceptos sobre el yo, hacen necesaria una revisión de nuestros conceptos sobre el superyo y el yo ideal. En lo que a los trastornos de carácter se refiere, las investigaciones han llevado a poner de manifiesto la importancia de las fases preedípicas y edípicas en la aparición de los mismos, pero se ha descuidado la investigación de los estadios posteriores: latencia, pubertad, adolescencia y vida adulta, cuya importancia recalca. Por los mismos motivos, dice, es necesario considerar al superyo, no como una instancia estática y rígida, sino como un complejo modelo de conducta para posteriores introyecciones susceptible de experimentar cambios a través de influencias accidentales. Señala que la importancia que se concede, en nuestra cultura, a la educación, es un índice de que esta modificación es posible, fuera de todo tratamiento psicoanalítico.
La separación del superyo y el yo ideal, ofrece la posibilidad de comprender el papel de la introyección en la formación del carácter. El yo ideal depende, en