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El autor, en un corto artículo, hace un profundo análisis de un fenómeno de la vida en vigilia de un paciente, relacionándolo con la pantalla del sueño, tan bien estudiada ya por Lewin. El paciente se quejaba de que frecuentemente no veía clara y nítidamente las cosas, las cuales se le presentaban borrosas, sobre
todo en momentos de gran agresividad hacia el analista; existía en él un gran temor a no ser alimentado por la madre si expresaba sus impulsos de independencia y su agresividad. Después del análisis de cierto material oral, el paciente resuelve cocinar él mismo sus alimentos, y esto le hace sentirse independiente de la madre, aumentando su agresividad en la vida diaria; después de alimentarse por sus propios medios durante dos semanas, relata cómo se había dado cuenta de que anteriormente sentía una pantalla entre él y el mundo. Su primera asociación a esta pantalla fué: “las manos de mi madre delante de mi cara; los senos de mi madre”. Entre el paciente y el mundo adulto había, según sus propias palabras, una “pantalla impalpable”, como un fantasma de su madre, como si él tuviese que mirar al seno para ser alimentado. Cuando consiguió alimentarse por su propia iniciativa, pudo ver normalmente el mundo y reconoció la pantalla que existía durante años y su manera errónea de manejar los dardos y el florete. La interposición de la pantalla del seno le protegía contra su agresividad oral y fálica, que supondría una pérdida del seno materno. La pantalla era una barrera para la percepción de la realidad. El autor hace interesantes comparaciones entre la pantalla sentida por este paciente y el velo del hombre de los lobos, así como entre las finalidades inconscientes y la topografía de las pantallas de la vigilia y del sueño.
Marialzira Perestrello