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El autor parte de la observación corriente de que el niño recuerda los lugares de su infancia como siendo mucho más amplios que en la realidad. También las personas pueden ser recordadas como mucho más grandes. Esta idea de “grandeza” es tanto más sentida cuanto más se acerca el adulto del niño pequeño; por esto, la madre (sus sustitutos y símbolos) es primeramente considerada como gigante.
Es común, sobre todo en pacientes hombres, la recordación de un tamaño grande de la región pélvica de la madre, y la autora intenta explicar la fantasía de la madre fálica a partir de esta recordación. En la formación del superyó, la autora relaciona la idealización de los padres con la imagen de una madre gigante: el poder de los padres en relación con sus enormes estatura y fuerza; la formación del superyó sería la transformación de la grandeza física en valores mentales.
Llama la atención que el término “thick” (grosero) empleado para las palabras obscenas tiene también significado de super-alimentado, gordo (como también el equivalente en húngaro), y da interesantes ejemplos de pacientes con dificultad de utilizar palabras obscenas. Además de temores mágicos, habría el peligro de la “grandeza” y “espaciosidad”, inherentes a las palabras obscenas, y la consecuente vuelta a condiciones infantiles. La resistencia a pronunciar palabras obscenas, y también su reverso, el placer en decirlas, estarían relacionadas con el peligro y atracción de la madre gigante, origen de los buenos y malos instintos.
Marialzira Perestrello