You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El recién nacido es delgado. La lactancia y luego los alimentos derivados de ella, leche, papillas y pastas, le hacen engordar, por lo que un nene normal es obeso; su abundante grasa subcutánea hace que su piel se invagine en pliegues profundos. Con la bipedestación y la marcha, unidas a la evolución instintiva, el niño llega al momento álgido de su complejo de Bdipo, entre los tres y cinco años, esbelto a modo de un adulto sano. A continuación, el período de latencia suele hacerle delgado, porque la renuncia a la instintividad genital, impuesta por la biología, suele acarrearle también una menor capacidad de sus instintos oraldigestivos y alimenticios. Esto es confirmado por el aumento de peso de muchos individuos, cuando consiguen una buena situación genital.
Dicha evolución normal se altera por diferentes influjos. Así un ambiente que le fuerce a comer demasiado y le frene en sus actividades muscular y del complejo de Edipo, mantiene al niño en la obesidad y el aspecto del nene sano. En este caso el comer puede significar al niño un resto permitido de una actividad genital, conduciéndose análogamente a un individuo que solamente se tolerase los besos.
Lo que ocurre en la infancia se suele repetir en la edad adulta, por la existencia de conflictos que ocasionan renuncias genitales y con ellas regresiones a satisfacciones oraldigestivas alimenticias. Estas oscilaciones de la libido ocurren cotidianamente en individuos con tendencia a la obesidad. Aun pequeñas, las regresiones libidinosas oraldigestivas pueden ser descubiertas a través del análisis de los sueños de un individuo, que son indicadores de alta sensibilidad de lo que ocurre en el psiquismo.
Así, un candidato a psicoanalista en una situación de conflicto genital, provocado por tener una esposa rechazante, que además le vigilaba mucho en su interés hacia otra mujer, soñó:
“Un paciente mío me amenazaba con un revólver viejo y sin cachas. Luego yo tenía ese revólver; se lo mostraba a Luisa y disparaba dos tiros.