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Falstaff es el más popular de los personajes de Shakespeare y uno de los más originales. Es el bufón del drama histórico Enrique TV y representa como lo ha señalado Alexander, un aspecto del héroe de este drama: Enrique, Príncipe de Gales y futuro Enrique V: Falstaff encarna los deseos orales infantiles y la autoadoración narcisista. El autor lo hace morir “como a un niño dentro de su ropaje de bautismo”1, según afirma uno de los personajes de la obra Enrique Y, y es solamente entonces, o mejor diríamos a causa de ello, cuando surge Enrique como rey ideal.
Sin embargo vuelve a reaparecer Falstaff en Las alegres comadres de Windsor, representada en 1601, Enrique V lo había sido en 1599.
Falstaff aparece en Enrique IV, como un hombre de unos sesenta años, obeso, calvo e impotente. Es mentiroso y cobarde y siempre está en apuros económicos. Su vida consiste en engañar y robar, y no desdeña ninguna artimaña, por dudosa que sea, para obtener dinero con el que poner “remedio a esa consunción de bolsa”, “enfermedad incurable”2, como él mismo dice.
Falstaff es, sin embargo, un personaje simpático, porque vive burlándose de él mismo; se sabe cobarde y vicioso, sabe que miente y engaña continuamente; es un bribón y lo dice con tanto desparpajo, que mueve a risa. Pero en el fondo de nuestra risa sentimos toda la desesperación de este obeso maníaco que quiere ser alegre y que no percibe que es con su alegría con lo que quiere engañarse: “Vive representando”3, señala uno de los personajes. Su representación es la alegría que le sirve para ocultarse la intensa ansiedad que siente, producida por sus temores a la muerte y a la desintegración.
Su escudero Bardolfo le dice: “Estáis tan gordo, Sir Juan, que no es extraño que viváis en contra de toda medida, de toda medida razonable”4. A través de esta frase vemos cómo lo irrazonable y falto de medida de su gordura se articula con lo irrazonable y desmedido de su conducta. La actuación hipomaníaca es lo irrazonable, siendo psicológicamente