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A fin de comprender la melancolía y la psicosis maníaco-depresiva es necesario conocer la organización estructural del yo en dichos síndromes. Para ello el autor ha revisado la extensa bibliografía sobre el tema, subrayando las opiniones de Abraham: Freud ( y ), Sandor Radó, Helene Deutsch, Melanio Klein, Ángel Garma, Fenichel, y otros. Menciona luego las críticas hechas por los psiquíatras a las teorías psicoanalíticas. Por ejemplo, Henri Ey dice “el abuso en que incurren los psicoanalistas consiste en que se sienten compulsados a tematizar por ser una exigencia de su sistema, y pretenden encontrar la causalidad psíquica, la psicogénesis de los estados mórbidos…”
Llega a la conclusión que el yo de los melancólicos está dominado por una organización muy primitiva en la que predominan los mecanismos de incorporación fantaseados. La intensa sensibilidad a la frustración de estos yos narcisistas llevaría a una peligrosa disminución de la autoestima. El aspecto hereditario desempeñaría un papel importante. No podemos pensar en una identidad entre la posición depresiva del lactante (Melanie Klein, Spitz) y la depresión del adulto.
En cuanto al tratamiento, es sumamente difícil, si no imposible, durante las crisis, ya que los pacientes sólo suelen ser “abordables” durante los intervalos libres. Los peligros del tratamiento consistirían en los intentos de suicidio, y la aparición de nuevas crisis, producidas por frustraciones ocasionadas por el terapeuta. Por lo tanto, el tratamiento será difícil, largo, deberá ser administrado con mucha prudencia, siendo difícil el establecimiento de la neurosis de transferencia.
Menciona también el autor varias opiniones sobre la terapia por shock que actuaría provocando sensaciones de muerte y resurrección, o como castigo, aliviando así los sentimientos de culpa y satisfaciendo las tendencias masoquistas. Fischer opina que el electroshock produce vivencias traumáticas o experiencias de euforia o de angustia de muerte, y opina que daría mej