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Tengo el honor de hablarles hoy —en el día que corresponde al centenario del nacimiento de Freud— de él y su influencia sobre la sociología. Me decidí a hablarles de sociología, aunque no soy socióloga y como hubiera podido elegir como tema la influencia que los descubrimientos de Freud han tenido sobre la antropología, la pedagogía, el estudio y la comprensión de las religiones o cualquier otra disciplina, cuyo objeto de estudio primordial es el hombre y su forma de ser. Elegí el tema de sociología por varias causas. Lo que sé, donde me siento en casa, sería el tema de Freud y el análisis. Pero no se puede hablar de Freud y el análisis en una breve conferencia. Del análisis hablamos aquí, en este local, siempre, desde años y siempre nos quedará mucho que hablar. Y también hoy, al hablarles de sociología, el análisis será lo central del tema. Pero hoy no se trata de hablar directamente del análisis, la obra trascendental de Freud, sino de la influencia que sus descubrimientos tuvieron sobre otros territorios afines, mostrando así la facultad de fecundación que su pensamiento tuvo sobre las ciencias del hombre. Creía haber elegido la sociología, casualmente, por azar, y porque estaba segura de poder demostrar esta facultad en el terreno sociológico, como en cualquier otro. Hasta que, al empezar a leer trabajos sociológicos, al darme cuenta qué alejados estamos todavía, no de hecho, pero sí de expresión, sociólogos y analistas, y al estudiar, reflexionar y discutir sobre el tema, me di cuenta que Freud tenía razón, que no hay elecciones al azar. Mi elección era determinada porque el tema está en el “punto de urgencia” del momento actual. Tanto el psicoanálisis, en su evolución y maduración, como la sociología en la sociedad misma han llegado a una encrucijada, donde no solamente pueden, sino deben acercarse y encontrar la forma de trabajar, en el terreno debido, en común. Tanto nosotros, los psicoanalistas, como ellos, los sociólogos, cada uno de su lado, pero con la