You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
A Freud no le hubiese agradado que los historiadores del psicoanálisis se ocupasen de su vida, cuyas intimidades guardaba celosamente para sí, a pesar de haber revelado ciertos detalles profundos en algunas de sus obras.
Respetó aquel deseo su familia, hasta que la obligaron a actuar de otro modo publicaciones poco verídicas. Entonces puso a la disposición de Ernest Jones sus experiencias y numerosos escritos útiles para una biografía. Entre estos muchos valiosísimos, como fueron unas 1500 cartas de amor entre Freud y la que luego fué su esposa y posiblemente la única mujer de su vida. También la correspondencia, que María Bonaparte consiguió salvar de la destrucción nazi, de Freud con su amigo íntimo de los años 1887 a 1902, Wilhelm Fliess. Asimismo Jones consiguió millares de cartas de Freud a sus discípulos predilectos; las más importantes fueron las dirigidas a Abraham, Ferenczi, Jung y Jones.
Para abordar la obra magna de esta biografía nadie mejor que Ernest Jones. Con la única excepción de la hija Ana, de todos los psicoanalistas actuales fué quien más cercano estuvo a Freud durante un largo período de 40 años, como discípulo fiel, colaborador muy eficaz y buen amigo, siguiendo paso a paso sus afanes científicos y viviendo temporadas en su ambiente familiar.
De esta biografía ya se han publicado dos volúmenes1, faltando sólo un tercero. Leyéndolos, resulta asombrosa la labor detallada realizada por Jones y fascinante su habilidad para ir haciendo sentir el desenvolvimiento de la empresa épica de Freud.
La conquista científica del inconsciente no fué empresa fácil para Freud. Solamente su visión genial, su gran energía, su integridad moral, su afán de ver realidades y de rehuir convencionalismos, su afán de investigar todo, aun aquello que despreciaba la ciencia oficial o era considerado intocable por la moral reinante le hicieron capaz de resultados grandiosos.
Freud nos ha enseñado que el culto apologético a los héroes es poco provechoso para su comprensión psico