You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Hasta en plena paz es dable observar pacientes que, después de haber experimentado un trauma (es decir, consecuentemente a experiencias angustiantes y peligrosas, como accidentes de ferrocarril, etc.), exhiben graves trastornos en su vida psíquica y en sus actividades nerviosas, sin que los médicos hayan alcanzado hasta ahora un juicio concorde acerca de tales estados. Algunos suponen que estos casos son expresiones de graves lesiones físicas del sistema nervioso, similares a las hemorragias o inflamaciones que ocurren en otras afecciones no traumáticas. Cuando el examen anatómico no permitió evidenciar la existencia de tales procesos, siguieron admitiendo, sin embargo, que la causa de los síntomas observados radicaría en alteraciones microscópicas de los tejidos, persistiéndose, por tanto, en clasificar estos casos traumáticos entre las afecciones orgánicas. Otros médicos sostuvieron desde un principio que dichos estados sólo podían ser considerados como perturbaciones funcionales y que el sistema nervioso permanecería en ellos anatómicamente intacto. Sin embargo, al juicio médico siempre le ha resultado difícil explicar cómo tan graves trastornos funcionales podrían ocurrir sin ninguna lesión grosera del órgano respectivo.
La guerra que acaba de terminar produjo y llevó a la observación un inmenso número de tales casos traumáticos y, como resultado de ello, la