You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En la historia del pensamiento científico el dualismo aparece como un obstáculo insuperable, un hecho irreductible, más allá del cual no se puede penetrar … Valabrega dice que “el dualismo sería una forma a priori del intelecto, tan fatal como las tres dimensiones en el dominio de la percepción sensible” [23]. Sin embargo, no es menos cierto que desde hace mucho tiempo se ha intentado una explicación monista del problema. Estas ideas tomaron cuerpo en varios investigadores a fines del siglo pasado, principalmente a través del estudio de la histeria, con Charcot a la cabeza. Freud continuó esa línea de investigación, lo que le permitió descubrir cómo ciertos efectos podían tener, en determinadas circunstancias, una expresión somática [4]. El psicoanálisis parece iniciarse, pues, bajo el signo de una concepción unitaria, siendo la etiopatogenia de la histeria de conversión un intento de comprender y esclarecer la interacción psique-soma.
En 1923, en El yo y el ello, formula Freud una de sus más importantes declaraciones; dice allí: “el yo es primero y sobre todo un yo corporal… no sólo un yo superficial sino incluso la proyección de una superficie” [5]. Joan Rivière da, en 1927, su versión sobre esta sentencia de Freud, ampliando los conceptos por él expresados: “El yo deriva en última instancia de sensaciones corporales, sobre todo de aquellas que emergen de la superficie corporal; puede ser así considerado como la proyección mental de la superficie del cuerpo, aunque también representa la superficie del aparato mental.” Decir que primero y sobre todo el yo es un yo corporal, significa que después existe algo más; este algo es un yo mental; surge, de tal manera, una ecuación entre cuerpo y aparato mental (cuerpo-mente), como asimismo otra entre cuerpo y yo. Toda la concepción actual del problema cuerpo-mente y por consiguiente al de la medicina psicosomática, encuentra en esta declaración de Freud, su más sólido punto de apoyo.
Planteadas de este modo las cosas, examin