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La raíz de las emociones se halla en las funciones de sobrevivencia y perpetuación que caracterizan las actividades vitales del organismo, se establece una lucha por el equilibrio en la que todo aumento de la vitalidad equivale a placer y viceversa.
La ansiedad es una emoción primaria de desplacer y constituye la base de otras emociones de desplacer. Es una respuesta fisiológica a las perturbaciones del balance de la economía básica visceral. Los aspectos fisiológicos de las emociones son innatos y hereditarios, mientras que los psicológicos se desarrollan según el individuo, y son influídos por el ambiente, la cultura, y tienen una historia ontogénica por separado. La psicología de la emoción comienza cuando las funciones del sistema nervioso central pueden integrarse enlazándose entonces el interior del organismo con el mundo exterior.
Se desarrollan en el niño patrones reaccionales de agresión, huida y sometimiento, que surgen de emociones secundarias de desplacer: rabia, miedo y depresión. Con la maduración completa de la personalidad vienen las emociones terciarias de desplacer entre las cuales se destacan la culpa, la vergüenza y la repulsión. Una emoción puede ser plenamente experimentada o negada aunque sólo puede ser reprimida la representación ideatoria o su componente motora voluntaria. Los mecanismos defensivos neuróticos y psicóticos distorsionan los contenidos ideatorios con la finalidad de proteger al yo de impulsos y afectos insoportables.
Las “actual neurosis” no son síntomas psiconeuróticos sino consecuencias directas de perturbaciones emocionales sobre una base fisiológica y es importante diferenciarlos entre sí. En el origen de toda psiconeurosis y psicosis existe un núcleo de neurosis de ansiedad. Las perturbaciones emocionales son reacciones fisiológicas con resultantes psicológicas superimpuestas; las psiconeuróticas son encauzamientos erróneos de la ideación que llevan a conductas neuróticas o psicóticas. Los desórdenes emocionales y psicogenéti