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Luego de una previa aclaración de que los trabajos de Melanie Klein le han interesado particularmente y que supervisó con ella durante cinco años, se propone rever y discutir algunos puntos de vista, de ella, sobre todo en relación con su concepto de “posición depresiva”.
Acentúa el criterio de considerar a la posición depresiva como un proceso normal en el desarrollo, muy ligado a los comienzos de la vida del niño, que intenta vincularlo en su aparición con la época del destete. Para el autor, el destete estaría conectado históricamente con el período en que el niño es capaz en forma de juego de desprenderse de determinados objetos (este juego comenzaría alrededor del quinto mes, culminaría a los nueve meses y se prolongaría hasta aproximadamente los dieciocho meses). Agrega luego de que en realidad, la época de aparición de la p. depresiva no es tan matemática y de que seguramente antes de los seis meses existirían manifestaciones de la misma y probablemente desde el comienzo de la vida del niño. Se refiere luego a las precondiciones para alcanzar la p. depresiva y enumera como tales, a la posibilidad de percibir a la madre como un objeto total y a la vivencia de “sentirse vivir en su propio cuerpo”. Discute a continuación el término p. depresiva y aduce de que no sería el adecuado, ya que la palabra depresión implicaría de hecho la existencia de un proceso patológico, lo que invalidaría su inclusión dentro del concepto de normalidad. Propone el término de “etapa de interés” (probablemente de “interés” por los objetos de mundo circundante), aunque termina por aceptar de todos modos la denominación usual dada la valoración que dicho término ha cobrado a través de su uso.
Retoma el tema de sus otros trabajos respecto a la importancia de la relación madre-hijo (“momento de experiencia”) y recalca una vez más sus dos funciones: 1) la “técnica” de cuidar al niño, y 2) su función de objeto receptor y condicionador de las descargas instintivas del mismo. Señala cómo el niñ