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Para los psicoanalistas de San Pablo y, en particular, para mí personalmente, la inauguración del Primer Congreso Psicoanalítico Latinoamericano es motivo de gran satisfacción. Este Congreso representa un sueño largamente acariciado, que ahora se transforma en una grata y estimulante realidad.
Las relaciones entre la Sociedad de San Pablo y las demás congéneres de Latinoamérica se iniciaron hace poco más de diez años. Recuerdo muy bien aquel día lluvioso en que surgió en San Pablo ese prodigio de vivacidad y simpatía que es Arnaldo Rascovsky, quien nos llevaba, por primera vez, el saludo y la amistad de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Lo acompañaba el señor Francisco Muñoz, símbolo de comprensión y de generosidad, con quien el psicoanálisis latinoamericano tiene una enorme deuda de gratitud.
Aunque éste es el primer congreso oficial de las sociedades latinoamericanas, de hecho ya se han realizado otros dos, que dieron comienzo a nuestro acercamiento y prepararon éste que ahora se inicia; uno de ellos tuvo lugar en Río de Janeiro, en 1946, en el maravilloso escenario de la playa de Copacabana. Estuvo presente, recuerdo muy bien, nuestro colega uruguayo, el doctor Pastorini, a cuya memoria rindo ahora mi respetuoso homenaje. El segundo Congreso de hecho fué el de 1954, en San Pablo, como parte del Primer Congreso Latinoamericano de Salud Mental, en conmemoración al cuarto centenario de la metrópoli paulista.
Otros contactos, tan provechosos como cordiales, se han establecido entre San Pablo y otras ciudades de Latinoamérica. Entre otros, nos han visitado Angel Garma, iniciador y propulsor del movimiento psicoanalítico argentino, Pichon Rivière, Cárcamo, Racker, Rodrigué, etc. Se encuentra en la actualidad en San Pablo el psicoanalista chileno Sergio Rodríguez, quien dirige, por indicación mía, la cátedra de psicología médica de la Facultad de Medicina de Ribeirao Preto, la escuela médica brasileña más joven, pero ya renombrada en virtud de la moderna organización