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Las oscuridades de la metapsicología del concepto de fantasía inconsciente, aún en el trabajo básico de Susan Isaacs, nos invitan a interrogarnos sobre la ubicación que le pertenece en el edificio teórico del psicoanálisis. El examen de la contradicción entre la importancia que damos a este concepto en nuestra actuación técnica y la que le damos en nuestra metapsicología, así como el estudio de ciertas contradicciones en el trabajo de S. Isaacs, nos llevaran a formular la re-ubicación (ya realizada implícitamente en muchos trabajos actuales) del concepto de fantasía inconsciente como concepto estructural básico de la metapsicología.
Freud estaba en posesión de un concepto estructural de la fantasía inconsciente, y S. Isaacs contribuyó a formularlo, pero sin llegar a superar todas las contradicciones. Así se hace de la fantasía la “expresión” del instinto, o una forma de “vivenciar” el instinto. El instinto a su vez es la “expresión” de determinadas necesidades corporales. El concepto metapsicológico de base es entonces el de instinto. Pero nuestra actuación técnica, y más todavía a medida que el trabajo analítico se va centrando en el descubrimiento de las fantasías emergentes en el “aquí y ahora” de la sesión, no trata esencialmente con instintos, sino con fantasías. De ahí la contradicción entre nuestra técnica y nuestra metapsicología.
El problema se reduce al final a la ubicación del cuerpo con relación a los fenómenos psíquicos. Y aquí encontramos otra vez la misma dualidad entre metapsicología y técnica. Para nuestra metapsicología, el cuerpo es un objeto estudiable mediante disciplinas objetivas (biología, fisiología, etc….). Para nuestra técnica, el cuerpo es un cuerpo-vivencia, un cuerpo-estructura actuando en el campo total de mis actividades, que puede resfriarse cuando me siento abandonado o vomitar expresando mi situación de asco. Si no tuviéramos este segundo concepto, la empresa de