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Pensamos que la incorporación anal del objeto se debe a un desplazamiento de arriba abajo del ojo, en su calidad incorporativa.
Freud, Jones, Ferenczi y otros han señalado el simbolismo del ojo como pene. Pfister piensa que también el ojo representa a los órganos genitales femeninos. Greenackre, al referirse a la relación entre mirada y sexualidad, dice que los ojos son penetrados por la luz y las imágenes de los objetos que percibe, lo que evidentemente recuerda más la condición genital femenina que el pene.
Nosotros consideramos que no se puede poner en duda el valor del ojo como órgano incorporativo. Como lo señaló Arnaldo Rascovsky, la visión del mundo externo no es sino la heredera de otro tipo de percepción, que es la del Yo prenatal frente al Ello. Éste es el depositario de la herencia filo y ontogenética que el Yo debe de asimilar durante los nueve meses que dura la gestación. La herencia depositada en el Ello, tiene el carácter de representaciones plásticas que el Yo prenatal reproduce automáticamente, como una cámara filmadora que capta y fija todas las imágenes de los objetos que pasan por su objetivo.
Fenichel, en su trabajo sobre el instinto escoptofílico e identificación, dice que el concepto de incorporación visual y la consecuente identificación, es anterior a la época de la visión externa del mundo. Luego añade que si bien en la etapa definitiva visión e identificación no son un mismo proceso, sí lo fueron en una época anterior. Esa etapa la denominamos nosotros preoral.
Freud, al referirse a la constitución del aparato psíquico, dice que es extenso en el espacio, comparándolo con un telescopio, un microscopio o algo parecido.
En el lenguaje popular encontramos que se identifica el ojo con el ano. Un nombre muy frecuente del ano es ojete: también nos referimos a él al hablar del “ojo de atrás”. En varios idiomas, como el alemán, francés, portugués, etc., se llama al ano, el ojo del culo.
Un juego común entre los niños es el del fotógrafo; el que toma las