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Uno de los problemas con que a diario nos enfrentamos en la Clínica Psicoanalítica es el de la elaboración de los instintos de agresión. Del grado de madurez alcanzada en la expresión proyectiva de la agresión depende la cuantía del bloqueo afectivo existente y la dificultad de relación con el medio externo. La Clínica nos ofrece toda una serie de cuadros, en los que es posible discernir fácilmente los puntos de fijación en que se detuvo la evolución de la agresividad y a los que “regresó” el paciente bajo la presión del “conflicto actual”.
Para el pronóstico y tratamiento de los enfermos sometidos al análisis es de interés seguir la evolución de las tendencias agresivas, no sólo a partir del nacimiento a través de las fantasías inconscientes que se configuran en los diferentes niveles evolutivos, sino en las fantasías prenatales. En cada enfermo siempre se evidencia una insuficiencia o inadecuada forma expresiva de la agresión, que no le permite una buena relación real por haber situado sus partes malas, proyectivamente en los objetos del mundo exterior, o bien haberlas introyectado, creándose un círculo vicioso, de proyección y reintroyección, situación que puede obligar al paciente en ciertos casos a emplear defensas contra esta reintroyección, como por ejemplo, el negativismo, el autismo, despersonalización, bloqueo afectivo, etc.
El objeto del presente trabajo es mostrar en forma esquemática los rasgos esenciales de esta evolución.
Desde la “simultaneidad” de expresión de tendencias, en las fases tempranas de la vida post-natal, a la “fusión” que Freud señaló como “madura expresión en la genitalidad”, el camino evolutivo que los instintos de “Eros” y “Tanatos” recorren es independiente, dentro de ciertos límites, ya que la satisfacción de un instinto depende de la posibilidad de expresión de la otra tendencia.
Cuando hablamos de instintos, y concretamente de los agresivos, es preciso tener presente, como dice Lampl de Groote, que el “Yo” los modifica, que siempre n