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Por ser muy ilustrativo, entre muchos ejemplos, escojo el de la enferma Rosa, para estudiar un mecanismo, al menos, de las “premoniciones”.
Rosa ha sido histérica toda su vida (tiene más de 50 años), y en los últimos 14, además, obsesivo-compulsiva, dominando el cuadro esta última modalidad neurótica.
En su primer coito, el marido sufrió un síncope y se “puso negro” Fué frígida siempre y el coito le producía disgusto.
A los siete años de matrimonio muere el marido, teniendo Rosa 33.
Doce años después, se suicida el sobrino Rubén de 15 años, que tenía como el marido, grandes y lindos ojos verdes. Este sobrino no tuvo relaciones continuadas con Rosa y ésta lo quería mucho.
Cinco años después de Rubén, muere Carmelina, hermana mayor de Rosa, de la que fué imago materna desde los trece años, persiguiéndola con marcado tinte paranoico.
Dos años después de Carmelina, muere el hermano Julio, el más querido.
Rosa se lava las manos compulsivamente, “por los microbios”, y cuando lo hace, “las más de las veces” —dice— “pienso en Carmelina, otras, en Cristóbal, y, a veces en Rubén”.
Informa Rosa: “Poco antes de enfermar mi esposo, un día 29, domingo, cosa rara, no salimos según acostumbrábamos… estaba en el comedor, me paré en la ventana del jardín y sentí una extraña sensación de felicidad, tan grande, que cogí miedo. Me senté con Cristóbal y no me acordé más. En un mes enfermó y murió Cristóbal”.
“Años después, íbamos a salir, esperaban por mí, y les dije: no se apuren por mí, que yo iré con Lola Pequeño. Al salir sentí de nuevo aquella extraña felicidad. Al otro día nos informan que Rubén se había suicidado.”