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Según Freud (Compendio del Psicoanálisis: La interpretación de los sueños como modelo ilustrativo): “en el sueño el material inconsciente del ello… se impone al yo, se torna preconsciente y, bajo el rechazo del yo, sufre aquellas transformaciones que conocemos como deformación onírica. No existe característica alguna del sueño que no pueda ser explicada de tal manera”.
Si existe tal característica, como nos lo ha señalado el mismo Freud, es además una muy importante, ya que constituye la más llamativa del sueño. Es la alucinatoria. O sea la característica de que el durmiente considera que los contenidos de su sueño están ocurriendo en la realidad exterior, siendo así que no son más que meros pensamientos o sea representaciones psíquicas. Es decir que, mientras sueña, el individuo comete un error profundo de su juicio de realidad.
¿Cómo se produce aquel error que lleva a la alucinación? Según Freud (Adición Metapsicológica a la Teoría de los Sueños y Los Instintos y sus Vicisitudes) la importante función del yo de distinguir lo exterior al individuo de lo de origen interior —una percepción de la realidad exterior de una representación psíquica— que se designa con el nombre de juicio de realidad, está basada en la capacidad del yo de rehuir, mediante una innervación motora, una percepción de origen exterior, como el pinchazo de un alfiler. Empleando esta innervación motora además el yo puede reducir tal percepción a algo momentáneo. En cambio algo de origen interior, como el hambre, no puede ser rehuido y por ello actúa con una cierta permanencia.
Basándome en esta explicación de Freud, en 1946 (The Genesis of Reality Testing. A General Theory of Hallucination, “Psychoanal. Quart.”, XV, pp. 161) he defendido la teoría contraria acerca de la génesis del juicio de realidad. Esta nueva concepción se basa en hechos como el que los ataques sintomáticos de las neurosis traumáticas, en los que el traumatizado alucina el trauma original son de característica alucinatoria, porque